Rural es nombre de mujer

Nov 22, 2019

La reciente aprobación del Estatuto de la Mujer Rural en las Cortes de Castilla – La Mancha supone un acontecimiento que celebrar y un paso más en esta lucha por reconocer los retos a los que las mujeres nos enfrentamos en el mundo rural. La puesta en marcha de esta norma marca un paso más en el camino hacia una región más igualitaria que reconoce el papel de la mujer como pilar fundamental del mundo rural y en la lucha de problemas tan acuciantes como el de la despoblación.

Es necesario que desde todas las instituciones se promueva la aprobación de leyes que, como en el caso del Estatuto de la Mujer Rural de Castilla – La Mancha, permitan visibilizar a las mujeres a través de medidas que favorezcan la titularidad compartida en las explotaciones o la obligación de que las asociaciones agrarias tengan una representación de al menos un 40% de mujeres en sus órganos de dirección para poder acceder a ayudas públicas.

El tejido de mujeres rurales en la Unión Europea no es, ni mucho menos, homogéneo. No obstante, todas ellas se encuentran a diario con dificultades y desigualdades muy similares y todas se enfrentan a los mismos retos. Son ellas las que más emigran desde las zonas rurales porque son quienes padecen una mayor tasa de desempleo y sufren una brutal falta de oportunidades. Según los datos de Eurostat, tan solo un 60% de las mujeres en zonas rurales cuentan con un empleo.

Asimismo, quienes consiguen trabajar, pero lo hacen en sectores como el de la agricultura o la ganadería, se encuentran con un campo minado de desigualdades y en muchos casos discriminación. A pesar de que trabajan codo a codo con sus compañeros, ellas tienen mucho más complicado el acceso a la propiedad de las explotaciones, lo que les resta capacidad de decisión. Pero no solo eso, en muchas ocasiones ellas son parte de explotaciones familiares en las que el trabajo no está remunerado o no es reconocido. En pocas palabras, su trabajo es, en muchas ocasiones, simplemente invisible.

El Estatuto de la Mujer Rural de Castilla – La Mancha exige que exista una representación de al menos un 40% de mujeres en los órganos de dirección de aquellas asociaciones agrarias que quieran acceder a ayudas públicas

En el Grupo Socialista del Parlamento Europeo luchamos insistentemente por lograr un mayor empoderamiento femenino en las áreas rurales. Somos conscientes de que la mayor parte de las explotaciones agrícolas y ganaderas no están en propiedad de las mujeres que las trabajan, sino de sus maridos o familiares varones. Esto hace que las mujeres rurales en la Unión Europea, que representan en torno a un 35% del sector agropecuario, se encuentren infrarrepresentadas. Esta condición supone que no pueden ser beneficiarias de fondos y/o ayudas y que no tengan voz en los principales foros de debate en los que se pone encima de la mesa las principales problemáticas a las que se enfrenta el mundo rural en nuestros días.

Todo ello se traduce en que la presencia de las mujeres en los programas de desarrollo rural es tristemente escasa: solo un 28% de los participantes en acciones de formación son mujeres; menos de un 20% de los beneficiarios de inversiones en activos físicos en las explotaciones agrarias fueron destinados a ellas y tan solo representan el 33% de las personas que disfrutaron de ayudas para la diversificación.

Es momento de visibilizar el papel de las mujeres rurales y de reconocer su contribución en el desarrollo local. A nivel europeo es preciso fomentar el intercambio de buenas prácticas a través de una Europa mejor conectada que permita, mediante las nuevas tecnologías, crear una red de mujeres rurales activa, empoderada e interconectada. Es necesaria una Unión Europea que respalde a aquellas mujeres que quieran permanecer en las zonas rurales y que trabaje por brindarles un amplio abanico de oportunidades

Es preciso crear programas especializados que integren la perspectiva de género como un eje fundamental para conseguir con ello una mejor integración de las mujeres en áreas rurales. Es preciso que políticas tan ambiciosas y de tanto calado como la PAC integren una dimensión que contemple la realidad de las mujeres en estas zonas. Por eso desde el Parlamento Europeo, y especialmente, desde el Grupo Socialista, seguiremos luchando por conseguir igualdad de oportunidades y por demostrar que rural es nombre de mujer.

 

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